“Mi papá era full time. Se levantaba a las 3 de la mañana y se acostaba a las 9 y media de la noche. Supervisaba y hacía de todo, pero cuando faltaba alguien, él mismo amasaba el pan”, recuerda Ana María. Por su parte, Marcela, coincide con su tía: “Mi abuelo fue una persona muy trabajadora, tanto que podía estar en todo a la vez”.
El hombre al cual hacen mención es Juan Bottazzini, vecino de Villa Devoto ‒fallecido en abril de 1981‒ que supo estar por más de 60 años al frente de la tradicional panadería que hoy lleva su apellido.
El histórico local, situado en la esquina de Asunción y Segurola, fue fundado en 1903 por Serafín Cataneo bajo el nombre “La Higiénica”, mote modificado en la década del 70. Juan comenzó a trabajar allí en 1918 y dos años más tarde se convirtió en el dueño del lugar, el cual continúa actualmente en manos de la familia.
De generación en generación
Nicolás Bottazzini, padre de Juan, era un pastelero italiano que vino a Argentina en 1870. Casado con la Sra. Filipina, panadera, supieron tener varias panaderías en Buenos Aires, todas llamadas “La Rosa”. Vivieron en Balvanera y luego se mudaron a Ramos Mejía. Al tiempo, retornaron a Italia, en donde permanecieron por 6 años, y finalmente regresaron al país.
En 1924 Juan se casó y se mudó a Villa Devoto. Su primera casa estuvo al lado de la panadería. “Para salir de casa teníamos que pasar por el local. Recuerdo también que Segurola estaba adoquinada y Asunción era de barro”, le cuenta Ana a Devoto Magazine sentada en el living de su casa en J. L. Cantilo al 4100, ahí mismo donde se mudaron en 1947 junto a toda la familia. Esta vivienda, una gran casona, fue construida por el arquitecto que diseñó el Palacio Cecci.
-¿Ana, qué recuerdos tenés de la panadería”?
-Me acuerdo de los carretones con harina, de los repartos y que la gente venía y se llevaba bolsas y bolsas. En aquella época se producía mucha cantidad de pan”.
-¿Y del barrio?
-“Siempre me gustó mucho el verde, los árboles y los parques. Y los trenes eran una joya. Me acuerdo que pasaba un hombre limpiando los asientos con un plumero, y los vidrios estaban impecables”.
-¿Qué anécdotas podés compartir?
-“Recuerdo que por la presencia del ferrocarril había en la zona mucha cantidad de ingleses, a quienes papá les hacía scons y otros productos que les gustaban. Por otra parte, cuando cerraba el negocio, llevaba mercadería al colegio de sordomudos Bartolomé Ayrolo y a cotolengos”.
Además de charlar a solas con Ana María, Devoto Magazine visitó la panadería y dialogó con Marcela, nieta de Juan Bottazzini, quien desde hace 8 años atiende el local. “Todo cambió mucho: la gente, el modo de trabajar, todo. Hoy tratamos de seguir de la forma más parecida, manteniendo una tradición”, confiesa. |