Comer o no comer… ¿Será esa la cuestión?
El abordaje psicoanalítico de las bulimias y anorexias busca causas más profundas.
Anorexias y bulimias son consideradas desde hace ya varias décadas como "trastornos alimenticios" propios de la época. Su forma de presentarse parece depender de los ideales sociales, cada vez es menor el peso ideal a alcanzar y menor la edad en que aparecen los primeros síntomas.
Esta forma de nombrarlos como "trastornos" por la sociedad en general y las teorías conductistas es distinta al enfoque psicoanalítico. Ya que esta nominación aludiría a que lo "trastornado" es la función y no el sujeto.
Si decimos que la dificultades o los trastornos son de la subjetividad y no de la función alimentaría no se trataría entonces de normativizar la función (a través de prohibiciones, apelaciones a la voluntad, convencimiento), sino de develar lo oculto detrás de la restricción de comida, atracones y vómitos.
Escuchemos algunos decires de estas mujeres hablándonos de su sufrimiento:
- "Me odio cuando me veo gorda, me veo fea aunque no lo este. No existe la posibilidad de que me quieran"
- "Siento culpa después de vomitar, me siento muy triste, me reprocho y hago múltiples promesas de no volver a hacerlo que siempre rompo. Me estoy muriendo todos los días"
- "Cuando yo era anoréxica, me estaba muriendo de hambre, y después pase a morirme de amor. Ahora espero a alguien que me salve"
Después de escucharlas queda claro que la anorexia y la bulimia solo en apariencia son trastornos de la alimentación. El psicoanálisis permite concebirlas como manifestaciones sintomáticas de ciertas perturbaciones en los vínculos sociales y en la relación con el propio cuerpo. Por ello no se trata meramente de rectificar -o de imponer-pautas alimentarías, sino de abrir un amibito para que quienes la padecen puedan hablar y ser escuchadas. De este modo surge la posibilidad de una transformación que preserve la dignidad del sujeto.