Rugby
El vicepresidente continúa jugando por amor al club
Gustavo Biasotti es una de las autoridades de San Martín. Cuando hace falta sigue saliendo a la cancha. Tiene 40 años.
Trayectoria: Biasotti jugó once temporadas en la Primera División.
Sábado por la mañana. El cielo gris y la lluvia que caía en cantidad. Un clima ideal para estar en la cama. Esa fue la postura que tomó Gustavo Biasotti ante dicha situación. El hombre de 40 años disfrutaba de un grato momento tomando mate y mirando la televisión junto a su mujer y sus hijos. Se suponía que nada iba a hacerlo levantar y dejar de saborear aquellos instantes con su familia. Sin embargo, sonó el teléfono. "La Pre Intermedia jugaba en Ituzaingó, me llamaron porque faltaba gente. Me cambié, agarré el auto y fui para allá", recuerda el vicepresidente del Club San Martín, ex rugbier y quien como en esta oportunidad sigue saliendo a la cancha de vez en cuando.
No hay una situación mejor que la mencionada anteriormente para describir el sentimiento de Gustavo Biasotti por el rugby: "Estoy medio enfermito por este deporte. Practicarlo me cambió la forma de ver la vida, me enseñó a vivir y a superar adversidades desde muy chico", confiesa. Desde los 11 años que forma parte de San Martín. Entre 1986 y 1996 jugó en la Primera y entre tantos tuvo como compañeros a Serafín Dengra, Patricio Grande, Daniel Galvalisi y Bruno Palazzo.
Aunque hace dos meses se mudó a San Isidro, Gustavo es y se siente vecino de Villa Devoto. Vivió 40 años en el barrio y sus abuelos y sus padres son de la zona. "Ahí tengo mis raíces. Siempre voy a ser devotense. Difícilmente haga 100 metros sin saludar o conocer a alguien. Caminar por la vereda del Antonio Devoto (colegio al que asistió en Primaria, luego al Nacional 19) me genera muchos sentimientos difíciles de transmitir", admite.
Ante una renovación de autoridades del club y, sabiendo que iba a estar inactivo un tiempo producto de una lesión en la rodilla, asumió con 26 años la vicepresidencia. "Es una forma de devolverle a San Martín todo lo que me brindó", considera. "La administración está a cargo de gente que es socia. Yo sufro por el club. No le debemos plata a nadie pero no nos sobra nada. Hoy en día con 1200 socios estamos flacos de ingresos", explica.
Se le nota en la cara, al hablar y en los gestos el amor que siente por San Martín y por el rugby. "El club es una prolongación del jardín de mi casa. No sé qué hubiese sido de mi vida sino venía a acá", sostiene. Con mucha sinceridad, pasión y cariño hacia el club y el deporte que practica desde chico, Gustavo Biasotti aporta lo suyo para mantener vivo a San Martín.